Sobre Mí
Cruzar el Puente de Piedra con el cierzo soplando con fuerza sobre el Ebro se siente como un abrazo cuando cuento con las acompañantes ideales (Chicas trans Zaragoza), esas que saben que el refugio perfecto nos espera tras las puertas de una pequeña bodega en El Tubo. Con ellas, Zaragoza deja de ser solo la majestuosidad de la Basílica del Pilar para convertirse en una ruta de risas y descubrimientos, donde cada rincón mudéjar es la excusa perfecta para detenernos y compartir una anécdota mientras buscamos el mejor plato de migas de la ciudad. Tener su energía a mi lado transforma la sobriedad maña en una calidez contagiosa, logrando que perdernos por las callejuelas del Casco Viejo o contemplar el atardecer desde la ribera no sea solo un paseo, sino un capítulo lleno de complicidad donde su compañía le da a cada piedra milenaria un brillo mucho más humano y especial.

